viernes, 5 de octubre de 2012

Soy un criminal


Publicada el 2 de agosto de 2012 en La Hora

“Pero, señor, le juro que yo no he hecho nada”. “Nada mangajo, te vas pa’ dentro”. Patada en la retaguardia y puerta cerrada. “Buenas noches ,compañeros diestros del volante”, te toca decir al dar los primeros pasos dentro del centro de detención de tránsito. “Pásamelo para amarlo”, dicen algunos para amedrentar al novato.

Buscas cama, ¿cuál cama? ¿Qué crees que es hotel? Con suerte te prestarán un colchón que nunca ha conocido el detergente y una cobija que aún guarda el sudor de decenas de exreos que la usaron para cubrir sus vergüenzas.  La otra opción es arrimarse bonito en la pared hasta que llegue el día. Cuando sale el sol hay que ‘pelar el ojo’ para conseguir litera. Parece que hay algunas libres, pero cuando llegas te das cuenta que los resortes son armas cortopunzantes con una sospechosa amenaza de tétano. El piso sigue siendo mejor idea. Llaman a un Pérez a la puerta y el tal Pérez regresa contentísimo, se larga de ese agujero.
Pilas que el Pérez dejó la cama libre. Tomas tus tereques y saltas a la litera. Que nadie te mueva de ahí, regálale unos tabacos al caporal.

¡Qué noche la de anoche! Matarías por una buena ducha. Cuando vas al baño ves que hay tres para los 40 que están adentro. Y siguen llegando más. Agua fría, un piso enmohecido. No sabías que llegarías ahí, no trajiste chanclas. Estas obligado a pararte sobre ese extraño ecosistema verdoso que ha crecido sobre la baldosa penitenciaria.

Sales de la ducha. Tomas el teléfono. “Aló, jefe, sí, lo que pasa es que no voy a poder ir a trabajar tres días. Sí, yo sé que recién empecé, pero me metieron preso”. “Carajo, tres días de ausencia es motivo de despido”. “No, jefe, le juro, no volverá a pasar”. “Nada, gracias por tus servicios”.

Te sientas en la cama, te tomas del cabello, mientas a la madre de algunos. Se te acomoda a un costado un compañero de prisión “¿Qué pasó, compadre, qué hiciste?” “¿Mi crimen? Estuve conduciendo a 61 kilómetros por hora”. Dios santo, qué criminal. No tiene perdón divino: “Lo sé, para el Estado soy un peligro que debe estar separado de la sociedad”.

Te levantas y preguntas: “¿Hay aquí algún busero que haya provocado decenas de muertes?”. Cri, cri... suenan los grillos.  

No hay comentarios: