jueves, 1 de agosto de 2013

La depre del legislador



Publicada el 1 de agosto de 2013 en La Hora 

Pocos trabajos deben ser hoy en día más deprimentes que ser asambleísta de oposición. Uno debe levantarse diciendo: “Chuta, qué pereza”. Debe ser peor que ir el lunes al cole o a comer donde la suegra (libero de esta expresión a las buenas suegras, que les juro que las hay).

Pi, pi, pi… Suena el despertador. “Mi amor, levántate que son las 07:30”. “No quiero, no quiero”. “Carajo, levántate que tienes 50 años y eres legislador”. “Pero es que no me gusta ir, no me escuchan, llegan las leyes hechas, nadie debate”.

Se saca el pijama a regañadientes, se viste, desayuna y sale para un parlamento que tiene poco de ‘parla’ y mucho de lamento.

Al llegar al despacho se sienta a analizar el Código Penal y aumenta la depre. “¿Cómo diablos se les ocurre?” Traslada su indignación a un colega opositor. “¿Qué hacemos?”, le pregunta. “¿Qué vamos a hacer”, le responde. “¿Chupamos?”, sugiere. “Calla ve, o nos sancionan, eso ‘dalo’ por hecho”, concluyen.

El deprimido legislador se da cuenta de que no hay casi nada que hacer. Se desespera de ver que una gallada del poder recibe órdenes de la jefatura. Quiere denunciar lo que pasa, en el pleno no lo dejan hablar. “Las radios”, dice convencido de que los medios son la última tribuna.

“Aló, sí, quisiera participar en una tertulia de la radio para opinar sobre el Código Penal”. “Mmm, sabe, lo que pasa es que con la Ley de Medios hemos eliminado ese espacio político y ahora trasmitimos pasillos. Sabrá comprender”.

El legislador cuelga el teléfono, se toma la frente, vuelve a mirar a su colega y le vuelve a preguntar: “¿Chupamos?”. El otro responde que sí, propone otro lugar.

La conversación entre copas ya no es de política, ni de economía, ni nada. Hablan del Chucho, un tema que, en su desgracia, ha unido al Ecuador.

Vuelve a casa. “Mi amor, qué tal el trabajo”, pregunta su adorable esposa. “Nada, cariño, una pena lo del Chucho Benítez”, dice él. “Sí, una tragedia”, responde la mujer.

Él se acuesta en la cama. Ella piensa por qué huele a licor. Él se pregunta: “¿A qué hora se jodió el Ecuador?”.

No hay comentarios: