lunes, 4 de julio de 2011

Agriuras

 Columna publicada en La Hora el 3 de julio de 2011

Agriuras

A mí me han dicho que las obsesiones son malsanas, que causan gastritis y que es mejor dar una sonrisa a los enemigos. No es que yo los tenga, no no no, ni más faltaba. Ando por el mundo comiendo perdices, soy casi un ‘teletubi’. Lo digo por otros.

Pero resulta que la gastritis se ha convertido en pandemia. Sí señor, es ahora algo casi viral de espeluznante diseminación oficial. Es una enfermedad que se adquiere por decreto y que la diagnostican en hospitales móviles.

Hay que andar bravos, dicen. Obsesionarse con el mismo enemigo ayuda a no dejar de padecer este mal, que, al parecer, no es tan mal, porque mal no se está cuando con los bravos se anda. Pero ojo, ¡frunza el ceño!

Si se tiene un micrófono, ataque a un periodista, eso está de moda y será aceptado con fanfarrias en el club de los ‘quitarándeahi’. Al poco rato sentirá burbujear el abdomen con infinito amor. Ojo, niegue cualquier ‘alka seltzer’, pues si se le quitan las agriuras, se le cambia el genio y desentona, pues de mal genio andan todos, desde el nivel mayor. Siempre en estado febril, ajenos a la ‘milanta’ del diálogo.

Si anda así y, por su puesto, se obsesiona, el contacto con el mundo terrenal será esporádico y, por su puesto, nocivo. Por tal motivo, y si ha demostrado enfado del bueno, se le asignarán vehículos, policías, despachos, embajadas. Podrá cruzar la ciudad sin ver mortales, ni picos ni placas, peor choros y sicarios, esos ni existen ya en este nuevo mundo oficial. Felicidades, lo ha logrado.

A mí siempre me han dicho que no hay que andar amargado, que disfrute cada mañana, que tienda la mano al adversario, que salude en la calle y que, en fin, goce la vida y la democracia. Así que adiós a los autos, a los guardaespaldas, a los viajes y a los despachos. Así que hola a los choros, a los sicarios y a los insultos. A la final, estoy en la fila de los mortales.

levivanco@lahora.com.ec
TWITTER: @luisevivanco

lunes, 27 de junio de 2011

Sí somos belgas

Mi columna publicada el domingo 26 de junio en La Hora

Sí somos belgas

Bélgica es un país no país. Un país que por descabellado que suene tiene sus similitudes con el querido Ecuador. Bélgica tiene un rey, nosotros también. Lo único que une a los belgas es su selección nacional, a nosotros también. Bélgica lleva un año sin gobierno, nosotros cuatro de desgobierno. En fin, los belgas y los ecuatorianos somos primos hermanos y no nos habíamos enterado. Bruselas es la sede de la Unión Europea, nosotros de la Unasur.

Increíblemente y con el paso de los días nos vemos tan similares a ellos, que incluso se debería revisar la historia nacional para verificar, tras el peritaje de ley elaborado solo por miembros de la PJ que hayan superado el polígrafo, si este pedazo de Sudamérica no fue en realidad colonizado por la Corona belga. Talvez de ahí los ecuatorianos sacamos ese peculiar gustito por la cerveza. Los belgas son expertos en la elaboración de esa bebida y nosotros expertos en tomarla, de lunes a sábado, porque los domingos se nos quita lo belga por edicto real.

Las papas fritas son plato típico de Bélgica y aquí en nuestro palacio es un belga el que, con papitas, alimenta al rey. Si la gastronomía y las ‘bielas’ no unen a los  pueblos, no sé qué entonces.

Al igual que el país del noroccidente de Europa, somos una nación de media tabla. Hacemos papeles decorosos en competiciones futbolísticas, pero nadie nos nombra cuando hay que hablar de glorias deportivas de los respectivos continentes.

En fin, no hay muchas diferencias entre Bruselas y Jipijapa. Si Brujas es la Venecia del norte, Cuenca es la ‘Atenas del Ecuador’ o Vinces es ‘París Chiquito’. El símbolo del palacio de Bruselas es un león, nosotros tenemos un león en palacio. Tal cual.

Entonces, es normal que nuestro rey envíe sus doblones para montar una sucursal en tierras  belgas, si es casi nuestra sexta región. Entonces, lo mejor que podemos  hacer es agilitar en el BIESS o en el Miduvi un préstamo o bono para que el rey de los belgas Alberto II se pueda poner una ‘mediaguita’ en Ciudad Victoria o en el Yasuní. Ojo por ojo.
En fin, el intercambio de reyes es un trueque y volver los ojos a nuevas formas de intercambio comercial con Europa es lo que está de moda.   

martes, 21 de junio de 2011

¡Ven, Chapulín!

 Esta es mi columna publicada el domingo 5 de junio de 2010 en La Hora. 

¡Ven, Chapulín!

 
Cierro la puerta del carro apenas me subo, me paso el semáforo en rojo porque la esquina está oscura, me guardo el celular en el calzoncillo cuando me subo al Trole, veo a dos tipos que se acercan en moto con cara de que no alcancé a llegar al baño.

Veo sicarios tras el matorral, observo aterrorizado cómo en Quito aparecen mujeres descuartizadas en una quebrada y, lo peor, parece normal. Me muero del susto de vivir donde vivo.

Pero un señor cuencano jefe del Interior me dice que todo está bien, que el hecho de que 130 personas hayan muerto en manos del sicariato solo en Esmeraldas en este semestre, no es motivo para escandalizarse. Asegura que el atentado con bomba a una casa de Manta no debe espeluznar a nadie, me dice que con gel calme mis pelos que están de punta.  

Sí pues, qué bruto que soy, a veces no me doy cuenta de lo tonto que puedo llegar a ser. Cuatro asesinatos  a punta de bala en un fin de semana en Quito no debe robarme el  sueño. El sueño, pobre sueño, lo último que me quedaba, también me lo han robado.

El señor cuencano no entiende por qué las madres no descansan si sus hijos se van de baile. El señor dice que es imposible que los pillos se paseen por las calles, argumenta que él ya sacó todos los juguetes a las vías.

Y así es, en la vereda se ven a los GIR, GOE, GEMA, militares, policías de a pie, en fin, al señor cuencano ya solo le falta lanzar a la calle al Chapulín Colorado. Sí, señor, ¿ahora quién podrá defendernos?

No contábamos con su astucia, la astucia del cuencano de decir que Ecuador vive en paz, cuando el paseíto millonario, forma de maquillar el malvadísimo secuestro exprés, es un frecuentado tour de toda agencia de viajes del submundo del hampa.

Tampoco contábamos con la astucia de los malos, que son tan visionarios que han traído cinco nuevas formas de crímenes a este remanso de paz. ¿Y ahora quién podrá defendernos?  ¿Nadie? ¿Superman tiene día libre? ¿Aló? ¿Señor cuencano? No contestan, mejor me guardo el celular y cierro la puerta con
llave.   

jueves, 9 de junio de 2011

La Jugada

Mi columna publicada en La Hora el domingo 5 de mayo de 2011

La Jugada

“Bueno, el partido no estuvo ni bueno ni malo, realmente todo lo contrario. Se hizo lo que dijo el profe y logramos sacar los tres puntos, que es lo que importa”. La contradicción, el trabajo aplicado bajo la docencia de un sabio y un objetivo cumplido. Tres pilares donde se levanta la muy frecuentada cabaña  del discurso deportivo.

Esas frases salen siempre de bocas que jadean del cansancio, gotean sudor, después de alguna titánica gesta sobre las canchas. Esos héroes son ídolos de guambras. Pero llevar a esas figuras tan ajenas al mal agüero, a que atajen los penales de la política, es una jugada que delata  poco ‘fair play’.
Los manuales del juego ‘trucho’ dictan normas infalibles en épocas críticas, cuando el divorcio con el gol es evidente y en la tribuna suenan las pifias.
“Tengo la defensa un poco fatigada, medio estadio se me ha echado encima, me han sancionado internacionalmente, hecho siempre la culpa al rival”. Si se padece de estos síntomas, quizá se esté en un equipo que juega de verde y lleva el 35 en el dorsal.

Como lo hacen en todo el mundo, a las gradas hay que contentarlas y una contratación estrella siempre lleva público, hace vender boletos y, sobre todo, limpia la imagen del equipo tan criticado por la
prensa.

La estrella, sin saber hacia dónde lo llevan los dirigentes, se baña de pueblo, entra al campo sonriente y cuando empieza el toque, se da cuenta de que el equipo no sintoniza, cada uno anda de individualista, se ‘maman’ los que ya estaban cantados. La estrella se hunde junto al equipo y cuando la situación es insostenible, el ídolo, amado por todos, es puesto en la banca en reemplazo de un estrella más reciente, que mueva más el mercado de la credibilidad.

El antiguo héroe se apolilla en la banca, ya ni siquiera sale en TV. Pasan los meses, el equipo repunta y el gran arquero es ahora solo un recuerdo medio turbio, una carta quemada, un héroe empolvado. Eso sí, se cumplió con los tres pilares del discurso deportivo: el partido no estuvo ni bueno ni malo, se hizo lo que pidió el profe, el equipo logró los tres puntos que es lo que buscaba. Ojalá algún día cambie el deporte estas prácticas tan utilitarias y de paso, la política también.    

lunes, 23 de mayo de 2011

Cuento infantil

Mi columna publicada el domingo 22 de mayo de 2011 en la LA HORA, da un vuelco, un texto para los más pequeños de la casa. Sírvase...

Cuento infantil

Érase una vez un reino donde todos los caballeros judiciales eran muñecos de madera. En la carpintería del palacio había un Geppetto que soñaba cada noche que se convertían en niños de verdad. Eran como 5.000 muñecos y él los quería tallar a su medida, para no sentirse solo.

En aquellos días ya no se tallaba con martillo ni escoplo. Como la producción de pinochos era industrial, en el taller del castillo de Carondelet los carpinteros tenían, por ejemplo, la varita mágica del polígrafo.

Había narices largas por toda la Judicial y era preciso trabajarlas. Apurados buscaban al hada madrina. Los pinochitos poco decían, no se sabía si querían ser niños de verdad, niños de manos limpias y corazones ardientes. Pero Gueppeto no quería dejar pasar la oportunidad que le había dado el 48% de la aldea en consulta popular.

Querían depurar la carpintería, esclarecer los intentos de derrocar el reino e identificar si en algún rato ‘Alí Tiro Fijo Babá y los 40 guerrilleros’ habían dado sus doblones para financiar la noble historia del nunca jamás.

El reino era un país de las maravillas, donde todo podía pasar. Había un rey enfadado, princesas coordinadoras, malvados juglares que con tinta envenenaban las manzanas, para luego entregárselas a una bella mujer llamada Patria.

Mientras Geppetto buscaba a sus pinochos, los consejeros del castillo preparaban los conjuros para que los siete enanitos de poncho perdieran el control de la mina y dejaran de marchar al ritmo de ‘hei ho, hei ho, yo NO’, por la sierra centro y las selvas del imperio.

Geppetto amenazaba a un malvado brujo que no había querido abrir las puertas de una fortaleza para que entrara su Grandeza. Para el artesano del reino, ese era el pinocho principal.

En la aldea, mientras tanto, recibían este cuento por telégrafo. La epopeya se trasmitía por tres canales de TV. Hasta aquí este episodio, el capítulo siguiente se escribirá en la próxima sabatina, a la misma hora y por el mismo incautado canal.

lunes, 9 de mayo de 2011

Cómo ve el Washingtonpost las nuevas tecnologías en el periodismo

A escuchar a la ‘abue’

Mi columna dominical publicada en La Hora el domingo 8 de mayo de 2011. Sírvase.....

A escuchar a la ‘abue’



“Primo, yo te quiero, pero con mi Rafico no te metas”. “Borregos, rojillos opresores, hijos de Caín”. “Al carajo, son una caterva de pelucones vende patrias”. Reuniones familiares escandalosas, polarizadas, abuelas asustadas por las broncas que, con o  sin tragos, se aparecen cada almuerzo de domingo. Domingos como hoy. Ah, cierto, ya los domingos no se bebe. ¿Será por esto?

Luego de comer, la política hoy en día no es buen postre para una reunión familiar. La gente, de lado y lado, anda como loca. Puños sobre el mesón, insultos, mala onda generalizada. La casa de la ‘abue’ es un ring, ya pocos quieren ir. “Ese man es un fanático”, reclama la prima. “Esa tipa está ciega, no ve la revolución”, dice el tío. “Ni un trago más para los dos caramba”, pone orden la mayor.

La política apasiona, pero también divide. Lo que pasa en miles de hogares ecuatorianos es un reflejo de lo que vive este Ecuador sufridor, aguantador, apasionado y fraccionado. Ya va siendo hora de escuchar a la abuela, de sentarnos a comer sin miradas de amenaza, a la final, todos somos la selección.

La consulta ya pasó, mejor un cafecito y hablar tranquilos. Con un tamal solucionar el drama y sanar a la familia.  Los gritos dejan sorda a la gente, no se escucha lo que dicen y, a cambio, la rabia burbujea. Hay que escuchar a las abuelas, ellas saben, ya vivieron los ‘velascos’, los ‘bombas’, los todos.

Ya las cartas están sobre la mesa, ya nada hay que hacer. Cuando se vienen las tormentas, como las que vaticinan los pronósticos, es mejor estar en familia. Así como hay que estar entre seres queridos cuando brama el volcán, es bueno guarecerse entre los cercanos para soportar la arremetida del poder. ¿Los poderosos tienen abuelas? ¿Las tuvieron? Ni un trago más para el poder.