Comparto mi primera columna de opinión en un medio impreso. Se publicó el pasado domingo 27 de febrero de 2011 en Diario La Hora.
SANTO REMEDIO
El tiempo lo cura todo, por lo menos eso se ha dicho desde siempre. Sin embargo, lo que parece incurable, a pesar de la sabiduría de los años, es la tiranía.
Esta semana se cumplieron 216 años del nacimiento de Eugenio Espejo y seguimos peleando por lo mismo. Los déspotas siguen ahí, sentados en el palacio de la Plaza Grande de Quito. Desde ahí se sigue insultando y prohibiendo. Desde ese trono se lanzan los edictos reales para coser las bocas de los que piensan lo contrario. Han pasado dos siglos y seguimos en lo mismo.
Esto revela cómo ha madurado el Ecuador. Seguimos oprimidos a pesar de los discursos de libertades y cuentos chinos de soberanías. Derechos sintéticos, fáciles de moldear, según el criterio del caudillo escultor.
Así como Espejo era perseguido por sus publicaciones y sus ideas, hoy el poder sigue obsesionado con descubrir, en madrugadas envenenadas, el insulto perfecto para ofender a quienes no tienen más defensa que una mente libre y valiente.
¿El tiempo lo cura todo? Parece que no. A nuestro país le encantan sus enfermedades, sus fiebres, intoxicar su blandengue democracia. Aplausos, vivas, besos a los ‘guaguas’ para maquillar la enfermedad. Al final lo que importa en Ecuador es convocar a consultas, pasearse en tarimas e insultar a cada segundo.
Seguimos igual de enfermos que hace 200 años, por más que el doctor Espejo nos dejó la receta perfecta para ser país: dos cucharadas de libertad al despertarse, dos al mediodía y otras dos antes irse a la cama.
Es la única forma de algún día abrir los ojos en las mañanas con la alegría transparente de sabernos parte de un Ecuador maduro, de un país orgulloso de decir lo que piensa.
La receta del doctor Espejo es infalible, pero para que funcione, hay que dejar, por ejemplo, de envenenarnos cada sábado.
PARA VERLA EN EL PORTAL DEL DIARIO
jueves, 3 de marzo de 2011
jueves, 2 de diciembre de 2010
"Estos documentos son un bocado muy apetecible para cualquier servicio de inteligencia"
Esta entrevista la realicé a Vicente Jiménez, director adjunto de diario El País, en medio de la tormenta de Wikileaks. Esta pieza se publicó en Diario La Hora de Quito. En la entrevista publicada en el diario he de reconocer un error. El cargo de Vicente Jiménez es director adjunto, no subdirector como erróneamente se apunta en el artículo. Disculpas a él y a los lectores. Aquí el texto.
El periodismo de las grandes conspiraciones visita poco las redacciones de los medios en el día día. Tampoco es común que cinco de los principales medios escritos del mundo trabajen coordinadamente con un material tan delicado. Pero los 251.287 documentos que el portal de internet Wikileaks entregó a The New York Times (EE.UU.), Le Monde (Francia), The Guardian (Reino Unido), Der Spieguel (Alemani) y EL País (España) han puesto al mundo de la diplomacia de cabeza. Son cables del Departamento de Estado norteamericano, en los que se revelan las estratagemas de la política exterior de la superpotencia en cada rincón del planeta. La relaciones internacionales al desnudo.
El pasado domingo arrancaron las publicaciones y desde entonces la redacción de El País, en Madrid, no para. Todos atentos a las reacciones mundiales, a coordinar el trabajo con los otros cuatro medios, a proteger los datos. En su despacho, Vicente Jiménez, director adjunto de ese periódico, habla con La Hora en una entrevista que se interrumpe cada que esta lluvia de información secreta se vuelve torrencial.
Wikileaks ya filtró este año papeles secretos sobre las guerras de Afganistán e Irak a los mismos periódicos, pero El País es la primera vez que entra a este club ¿Cómo se gestaron los contactos?
No fue fácil, pues cuidan mucho su exposición pública. Logramos contactos con Julian Assange (fundador de Wikileaks) puramente periodísticos, por el interés que nos provocaba la organización y el portal. Les comentamos que teníamos interés en acceder a sus informaciones. Eso no se tradujo en nada en un primer momento, pero ellos valoraron la información y vieron que esta vez no era un asunto concreto como Irak y Afganistán. Eran decenas de temas que afectaban a decenas de países, gran parte de ellos de América Latina, países de lengua española. Se dieron cuenta de que para su estrategia, que yo la desconozco, la relevancia de El País era insoslayable.
¿Cuáles son los principales pilares de convenio?
Primero quiero desmentir que se trate de un acuerdo financiero, como ha empezado a decirse. El País no ha pagado ni un euro por esta información, igual que el resto de medios implicados. El único compromiso formal fue uno fácilmente asumible para cualquier periodista: contrastar la información.
Wikileaks insistió en que valoráramos qué aspectos pueden entrañar riesgos para algunas personas. Remacharon en que cualquier fuente que apareciera en eso cables y eso supusiera algún riesgo para ella en países donde los derechos humanos no están garantizados o las garantías jurídicas son débiles, tenía que ser borrada.
¿Qué países son esos?
China, Rusia, Irán, Pakistán…
¿En América Latina?
Venezuela, Cuba… No estoy descubriendo nada nuevo. Cualquier persona que suministre información en esos países corre riesgos. En algunos casos puede incluso perder la vida, en otros acabar en prisión o exiliado, en otros sufrir algún tipo de persecución.
¿O sea que tienen en su poder documentos muy delicados? ¿Cómo se está manejando el tema de seguridad?
Hay dos niveles de compromiso. El primero es el de mutilar documentos para no poner en riesgo la vida de la gente y para eso tenemos herramientas informáticas. Para ello, disponemos de un espacio en Internet del que no puedo dar detalles. Ahí los periódicos discutimos qué cables deben ser editados.
El segundo nivel es garantizar que la información está bien guardada. Son 250.000 documentos, la mayoría secretos, del Departamento de Estado. Son un bocado muy apetecible para cualquier servicio de inteligencia de cualquier país del mundo, para cualquier gobierno es un material de un valor incalculable. Por eso debemos proteger esta documentación para que no caiga en manos indeseadas
¿Son documentos digitales, físicos? ¿Están en un lugar seguro del cyber-espacio?
Están en un lugar seguro, no puedo decir más.
¿El País ya ha recibido presiones de algún cuerpo consular o alguna llamada del gobierno de España?
Hasta el momento no. Pusimos en conocimiento de la embajada de Estados Unidos en Madrid y del Gobierno de España que teníamos esta información días antes de su publicación.
¿Cuál fue la respuesta?
La respuesta de la Embajada fue de sorpresa.
Pero el Departamento de Estado ya había alertado a sus cuerpos diplomáticos de la eminente publicación…
El Departamento de Estado fue informado por el New York Times y en ese momento el resto de periódicos nos pusimos en contacto con nuestras respectivas embajadas.
¿Están listos para una batalla legal?
El Departamento de Estado ha anunciado una acción criminal contra quienes han revelado estos cables. Yo creo que se refiere a Wikileaks. Está por verse si va a emprender medidas legales contra el New York Times, The Guardian, nosotros…
Entiendo que es complicado. Bajo la ley federal estadounidense, la revelación de secretos puede ser un delito, pero también hay jurisprudencia, pasó con los papeles del Pentágono (informe secreto del Departamento de Defensa sobre la implicación militar y política en Vietnam entre 1945 y 1967 que salió a la luz en una serie de artículos del The New York Times), en el que Tribunal Supremo consideró que sobre esos documentos secretos primaba la libertad de información.
Pero luego están las legislaciones particulares de cada país. El Departamento de Estado no tiene jurisdicción legal sobre España. No son documentos secretos del Gobierno español. Estamos a la expectativa, pero creemos que los ciudadanos tienen derecho a conocer este tipo de informaciones.
¿Cómo se coordinan las publicaciones con los otros cuatro periódicos?
Primero se hizo la lectura de los documentos para identificar las grandes historias internacionales que se podían publicar de forma conjunta. Luego coordinamos la información para no pisarnos el terreno. De ahí viene lo que es de interés más doméstico y lo de la agenda de cada uno. Ahí cada periódico tiene su estrategia y el único compromiso es informar al resto de las publicaciones.
¿Cuál es la agenda de El País?
España y América Latina. Claro que también los temas internacionales como Irán, Corea del Norte, China…
¿Qué orden tendrán las publicaciones de América Latina?
Publicaremos las historias que más interés nos han merecido. El criterio es el obvio: prioridad a los asuntos más relevantes o interesantes, desde nuestro punto de vista. México, Argentina, Chile, Venezuela o Brasil son países que nos interesan mucho. Lo que debe quedar claro es que no hay una agenda oculta para beneficiar o perjudicar a determinados líderes o países, como ya se ha dicho por ahí.
¿Qué hay de Ecuador?
No puedo darle esa información.
martes, 30 de noviembre de 2010
Wikileaks y la diplomacia en calzoncillos
Es algo que todos sabían, que el chisme, el espionaje y la doble moral eran las bases sobre la que se ha apoyado la política exterior estadounidense desde siempre. Todo se sabía, nunca hablar con un diplomático de ese país ha representado una garantía. Una conversación informal en un coctel era lo mismo que conectar un megáfono a los pasillos de la CIA.
Si bien era conocido, la divulgación de los 251.287 documentos del Departamento de Estado filtrados a Wikileaks, quien a su vez los puso a disposición de El País, The Guardian, Spiegel, Le Monde y The New York Times, es un hito en la historia del periodismo. Es aquel capítulo del oficio que siempre anhelamos, que vemos en producciones de Hollywood. Ese periodismo de las grandes conspiraciones, un periodismo que no visita las redacciones todos los días.
Esta es una batalla que el fundador de Wikileaks, Julian Assange, ha emprendido siendo él la única carne de cañón visible. Un solo hombre que se enfrenta a la bestia, que demuestra que la superpotencia tiene goteras. No es la primera vez, ya ha hecho temblar al imperio con sus papeles de Afganistán e Irak. Se agradece su valentía.
Oráculos del fatalismo hablan de que el periodismo tambalea, que pronto asistiremos a su entierro. Escándalos como este demuestran lo contrario. Estas revelaciones no fueran posibles sin la estructura de los medios, sin la coordinación entre estos cinco grandes periódicos. Que la información de Wikileaks sea difundida por esas marcas, garantiza los contenidos. Fueron semanas de noches en vela en las redacciones, contrastando, comprobando, protegiendo identidades de quienes puedan correr peligro, valorando. Agotados, pero con una roca de lava en las manos que ha puesto a temblar al Despacho Oval, que tiene a todos los líderes mundiales leyendo estos artículos como ratones de biblioteca.
¿Cambiará la forma de hacer política exterior después de estas revelaciones? ¿Veremos a Assange encarcelado? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos ahora son cosas sorprendentes como el interés de China porque Estados Unidos presione a su aliado de Corea del Norte y así afianzar su poder en un Corea unificada. Ahora sabemos que hablar con un diplomático de Estados Unidos es hablar con un espía. Y Assange anuncia más, Wikileaks tiene otras perlas. Hablan de informes sobre la banca mundial. Vamos a ver qué terremoto causa.
Ah. Me olvidaba el toque ecuatoriano. De Quito hay documentos. Estoy tras su pista. Pero me provocó gran carcajada leer que el vicecanciller de Ecuador, Kintto Lucas, invitaba a Assange a vivir en el país. “Si es necesario y si él lo solicita, obviamente que Ecuador está abierto a brindarle la residencia". Pero lo gracioso es que mi país, hoy caracterizado por un Estado empeñado en cercar la información, monopolizar medios y atacar a la prensa, tenga un vocero que diga: "Creemos que personas que están constantemente investigando y tratando de sacar a la luz estos lados oscuros de la información, lados oscuros de los estados, son fundamentales para entender que sí es posible otro tipo de investigación periodística, sin necesidad de atacar". Esta es la nota graciosa de la jornada.
Si bien era conocido, la divulgación de los 251.287 documentos del Departamento de Estado filtrados a Wikileaks, quien a su vez los puso a disposición de El País, The Guardian, Spiegel, Le Monde y The New York Times, es un hito en la historia del periodismo. Es aquel capítulo del oficio que siempre anhelamos, que vemos en producciones de Hollywood. Ese periodismo de las grandes conspiraciones, un periodismo que no visita las redacciones todos los días.
Esta es una batalla que el fundador de Wikileaks, Julian Assange, ha emprendido siendo él la única carne de cañón visible. Un solo hombre que se enfrenta a la bestia, que demuestra que la superpotencia tiene goteras. No es la primera vez, ya ha hecho temblar al imperio con sus papeles de Afganistán e Irak. Se agradece su valentía.
Oráculos del fatalismo hablan de que el periodismo tambalea, que pronto asistiremos a su entierro. Escándalos como este demuestran lo contrario. Estas revelaciones no fueran posibles sin la estructura de los medios, sin la coordinación entre estos cinco grandes periódicos. Que la información de Wikileaks sea difundida por esas marcas, garantiza los contenidos. Fueron semanas de noches en vela en las redacciones, contrastando, comprobando, protegiendo identidades de quienes puedan correr peligro, valorando. Agotados, pero con una roca de lava en las manos que ha puesto a temblar al Despacho Oval, que tiene a todos los líderes mundiales leyendo estos artículos como ratones de biblioteca.
¿Cambiará la forma de hacer política exterior después de estas revelaciones? ¿Veremos a Assange encarcelado? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos ahora son cosas sorprendentes como el interés de China porque Estados Unidos presione a su aliado de Corea del Norte y así afianzar su poder en un Corea unificada. Ahora sabemos que hablar con un diplomático de Estados Unidos es hablar con un espía. Y Assange anuncia más, Wikileaks tiene otras perlas. Hablan de informes sobre la banca mundial. Vamos a ver qué terremoto causa.
Ah. Me olvidaba el toque ecuatoriano. De Quito hay documentos. Estoy tras su pista. Pero me provocó gran carcajada leer que el vicecanciller de Ecuador, Kintto Lucas, invitaba a Assange a vivir en el país. “Si es necesario y si él lo solicita, obviamente que Ecuador está abierto a brindarle la residencia". Pero lo gracioso es que mi país, hoy caracterizado por un Estado empeñado en cercar la información, monopolizar medios y atacar a la prensa, tenga un vocero que diga: "Creemos que personas que están constantemente investigando y tratando de sacar a la luz estos lados oscuros de la información, lados oscuros de los estados, son fundamentales para entender que sí es posible otro tipo de investigación periodística, sin necesidad de atacar". Esta es la nota graciosa de la jornada.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Un cerco en plena crisis
Un día normal transcurría en el extranjero cuando un compañero entró a una sala en la que estaba trabajando en un tema del posgrado y me comenta: “la que se está armando en tu país”. Era el 30 de septiembre de 2010 y en Quito una revuelta policial había retenido al Presidente en un hospital de esa fuerza de seguridad.
Los detalles de ese trágico día para la paz, la democracia y el sentido común no vienen al caso relatar. El papel de la prensa es lo que nos ocupa. Me entrometí esa noche en Madrid (tarde aún en Quito) en la redacción de diario El País para ayudar en algo y tener más canales de información para seguir al segundo el tema.
No fue misión fácil alimentarme de datos. Ya las señales de televisión privadas habían sido obligadas a conectarse a la señal oficial y por las pantallas solo se paseaban los amigos del régimen. La gente con la que lograba tomar contacto en Quito me explicaba su desesperación por no tener más fuentes de información. Para colmo las páginas web de los periódicos se habían saturado y ese colapso impidió que se pueda nutrir de información inmediata.
Es tremendamente preocupante que ante una crisis un gobierno restringa la libertad de información, pero es aún más lamentable que solo una pequeña parte de la población entienda ese atropello. De esa manera no hay quién plante cara al poder y le recuerde que esas medidas no responden a las buenas costumbres democráticas. Pasan los días y el Presidente se convierte en héroe, pero nadie sugiere que también es un verdugo de la libertad de prensa, que en este caso no era en beneficio del periodista, sino para ayudar a entender la situación a miles de familias que esa tarde tenían el corazón en la mano frente a la televisión.
A pesar de que no había señal, los periodistas de los medios audiovisuales seguían en el campo de batalla, escondiéndose de los tiros para, cuando el poder lo permita, informar de lo sucedido. El Presidente destina cadenas enteras para acabar a la prensa, pero cuándo se reconocerá el valor de esos reporteros que, a pesar de tener a sus esposas e hijos en casa encendiendo velas a sus retratos, seguían al pie del cañón sin bajar la cámara, sin dejar de anotar los hechos. Un país ciego que no quiere ver más allá de las rabietas del mandatario carismático, alarmista, irresponsable y populista. Esto no resta que la actitud policial fue una de las barbaridades más estúpidas de la historia democrática del país.
Desde Madrid era difícil conseguir información para nutrir las notas del día siguiente del periódico y los avances de internet. Todo cuando en España ya se rayaban el amanecer. Una llamada telefónica me ponía en contacto con Marieta Campaña, una periodista de diario Expreso, que con total valentía cogía el teléfono para nutrirme de datos entre nubes de gas lacrimógeno y detonaciones confusas. Una mujer valiente, así como el resto de damas reporteras que permanecieron ahí. Así se pudo ir reconstruyendo los hechos.
La población que sí entendió la gravedad no solo de los sucesos, sino del cerco mediático, se volcó a la red, como nunca antes lo había hecho en la historia (cabe recordar que el acceso a internet en el país está muy por debajo de los estándares de sociedades desarrolladas). Por Facebook y Twitter compartían fotos, comentarios, datos. La mayoría de ellos jóvenes que tenía a su lado a sus abuelos y padres, a quienes traspasaban la información que lograban pescar en la red.
Hoy las aguas se van calmando, pero esta escena circense deja un país golpeado, un presidente aún más popular, una sociedad atemorizada, pero ojalá que también se recuerde el 30 de septiembre de 2010 como la fecha en la que la libertad de expresión resultó un asuntó del que el gobierno prefirió prescindir.
A continuación dejó los enlaces de las piezas que pude redactar desde la distancia.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Marruecos: Ingenuidad y mordaza
Según Reporteros Sin Fronteras, solo el 1% de los marroquíes lee periódicos.
Bienvenidos a Marrakech, hora local 12:30, temperatura 41 grados centígrados. Al bajar del avión y pisar la ciudad empiezo a sentir que me derrito, así como el calor de la inocencia derritió el objetivo primario de mi visita: preguntar al marroquí común sobre la hispanidad de Ceuta y Melilla. Pecar de ingenuo me dijeron; “es como ir a Alaska a averiguar sobre la ley de migración de Arizona”, comentó un colega de Madrid. Pero Marruecos me estaba esperando para asustarme y desnudarse, restregarme en la cara que es un país que no acelera pero tampoco frena, que retiene pero no encarcela, donde la libertad tiene un concepto inestable.
El panorama se divisaba espinoso. Además, en mi hoja de vida no presumo de hablar árabe ni francés, lenguas en las que transcurre la vida en esos parajes. Me sumergí en la Medina, el centro de la ciudad. Recorrí laberintos color café, donde a cada paso un olor impregna el cerebro, donde hay que esquivar motos, niños, comerciantes, guiris y cucarachas. Donde la frase “hola amigo, ¿quieres porros”? da la bienvenida en cada nueva callejuela. Esa oferta psicotrópica es lo mucho o lo poco que saben de español en esa zona del Magreb.
Mientras fotografío una cabeza de camello que solitaria me sonríe desde la percha de una carnicería, viene a mi mente Ramón Lobo, experimentado corresponsal de El País. “Las primeras fuentes siempre son el taxista que te recoge en el aeropuerto y tu intérprete”, decía en una conferencia. Un intérprete sería una buena idea. Como aún tenía saldo en la cartera de la ingenuidad acudí al caer la noche a la estación de policía de la céntrica plaza Jemma el Fna, catedral del cuscús con pollo. Escándalo generalizado entre los policías de la puerta cuando me delaté periodista. Advirtieron que no puedo andar por la calle investigando sin la venia del Gobierno. Para lograrla había que hablar con el jefe, que se escondía tras una densa nube de humo, con un cigarro en la mano y otros cuantos moribundos en el cenicero. Eran las diez de la noche.
Mis documentos inician ahí una intensa sesión de manoseos y revisiones por decenas de ojos. El pasaporte ecuatoriano es para ellos casi un animal exótico, casi como para fotografiarse junto a él. Una orden en árabe provoca que me tomen del brazo y me conduzcan a un coche policial, una furgoneta que arrancaron sin cerrar aún la puerta. Ni inglés, ni español, ante mis ojos se perdían las luces de la ciudad e iniciábamos un recorrido por una carretera oscura, en cuyas tinieblas vi pasar mi vida e imaginé portadas de periódicos del día siguiente que informaban de mi deceso.
De la nada, un cuartel policial. En penumbras como el desierto que lo rodea. Los policías ingresan y buscan algo en el interior del edificio, hablan por radio, por móvil, suben y bajan escaleras. Al final de un pasillo se esconde una luz. Es una oficina habitada por un oficial que reza sobre el suelo. Se pone de pie e inicia un largo interrogatorio. “Pasaporte y credenciales”, pide uno en un inglés escolar. Exigen explicaciones del lugar de nacimiento, escuela, instituto, universidad, medios en los que se ha colaborado, número de hermanos, en fin, sólo faltaba saber a qué edad perdí la virginidad. Todo lo apuntan en un papel cuadriculado. Llamadas, decenas de llamadas. Gritos en árabe. El retrato oficial del Rey mira impasible la escena.
Uno de los policías explica que en Marruecos el periodismo se hace con permiso de la autoridad. Asegura que cada día, los reporteros locales deben solicitar autorización para cualquier cobertura. Cuando le pregunto si dan permiso para escribir sobre cosas que les puedan afectar como institución, cambia la cara, hace señal de negación, no responde. Son las tres de la madrugada.
Entran y salen del despacho con el pasaporte y el móvil. Cuando el reloj marca las cuatro regresan con la novedad de que el jefe del jefe del jefe… ha dicho que para poder hablar con los ciudadanos de Marrakech, es preciso tomar un autobús durante ocho horas hasta la capital, Rabat, e iniciar un largo y agotador proceso en el Ministerio de Información. “Usted no puede hacer nada en Marruecos, estaremos pendientes”, dice el único que chapucea inglés.
Otro oficial de nombre Izaf se ofrece a conducirme hasta el hotel. La carretera se vuelve eterna, ya se empiezan a ver rayos de sol. Al llegar estaciona y entra hasta la recepción, espera y antes de irse lanza una señal que tiene un solo sentido: con el dedo índice en el ojo derecho advierte que estarán vigilando.
“Marruecos es un país café con leche”
En su despacho de Madrid, el periodista de diario El País Xavier Valenzuela escucha esta experiencia y ríe al notar lo pecados en la cobertura. “No puedes llegar y delatarte como periodista”, dice en tono burlón, pero con razón, ha sido corresponsal en Rabat durante tres años, de 1988 a 1991.
Valenzuela no niega que el Reino de Marruecos sea un territorio hostil para la libertad de prensa, pero destaca que hay que juzgarlo en su contexto. “Para ser un país musulmán del norte de África no está mal. No es comparable con el Irak de Sadam Hussein, donde si te pillaban te llevaban preso y te acusaban de espía”.
Asegura que las restricciones para la prensa extranjera son más burocráticas que tiránicas. Como quien agradece algún favor elemental dice: “por lo menos la vida del periodista no está en peligro”. “Es un país café con leche, semi tolerante semi controlador. Claro que está por debajo del estándar occidental, pero para su contexto no está mal. Yo le doy un 3,5 sobre 10 en cuanto a libertad de prensa.
Valenzuela reconoce que los periodistas locales son los que la tienen más “chunga”. Si se vulneran los límites del respeto a la monarquía y los de la “unidad de la patria” (esto último es en referencia al conflicto del Sahara occidental), la cosa se puede poner más difícil. Cierre de medios, cárcel, multas. Aun así, Valenzuela asegura que podría ser peor. “Por lo menos logras publicar, aunque luego te cierren el medio”.
Reporteros Sin Fronteras no ve la situación en Marruecos con el mismo positivismo. La organización ha denunciado que desde 1999 (cuando ascendió al poder el rey Mohamed VI) los periódicos marroquíes han sido condenados a pagar multas con un valor de 2 millones de euros y los periodistas a penas que suman cerca de 28 años de cárcel. La ONG asegura que “la justicia pone en marcha todo su arsenal para intimidar y asfixiar a la prensa independiente”. Esta organización ha pedido reformas al Rey, pero en Rabat solo hay oídos sordos. Según Valenzuela no las habrá. “El reinado de Mohamed VI está en decadencia”, sentencia.
lunes, 16 de agosto de 2010
Televisión: La Pelota de Playa
El director italiano Federico Fellini creó a Paparazzo y la prensa se ha encargado de crear un monstruo. El genio Fellini dio vida al personaje de un fotógrafo en la película La Dolce Vita que buscaba imágenes de los famosos. Pero la industria de la información ha dado vida a un Frankenstein, los reporteros gráficos de la prensa rosa.
Todos saben lo desagradables que pueden llegar a ser estos mosquitos –la palabra paparazzo quiere decir mosquito en el dialecto italiano del pueblo natal de Fellini-, pero también hay que reconocer que siempre estamos echando un ojo para ver con quién anda la última estrellada fugaz de la farándula. Si eso sucede en las redacciones de los llamados medios serios, hay que imaginar que pasa en las casas, cuando las vecinas se visitan para un café con lengua.
Pero lo preocupante es el contagio, la pandemia del morbo y de la superficialidad. Para eso no hay más vacuna conocida que volver la mirada a los principios de un periodismo de pies de plomo, de vista de águila, de curiosidad insatisfecha, de profesionalismo.
A montar guardia. Así como se veía a los fotógrafos esperar horas para captar la imagen de la diva semidesnuda acariciándose con el jardinero, ahora las manadas de camarógrafos esperan a los políticos. Todos quieren la misma imagen, todos quieren las mismas respuestas, todos quieren ser aplicados miembros de la escuelita de la declaración, del reporto lo que interesa a la fuente, del alfombrismo.
El pasado lunes fui asignado a recoger las declaraciones de un político del Partido Socialista de Madrid (Tomás Gómez). Llegó a las 09h00 y no quiso hablar. Perfecto, está en su derecho. Lo que me provocó convulsiones cerebrales fue que recibí como orden de importancia mundial que había que esperar en la puerta del edificio del partido hasta que el caballero salga. No me quejo de que haya que esperar bajo un sol de 36 grados en la Gran Vía de Madrid, el periodismo no es de cojines plumas de ganso. Lo triste era ver a todos los medios gráficos esperar ahí, a que un político de medio pelo se digne a bajar. Bajó, nueve horas después, no dijo nada, está en su derecho. La culpa es de la prensa, que se deja insultar, que permite que la utilicen. Al día siguiente estaban todos esperando al mismo individuo en otro punto, para captar la imagen vacía de fondo, llena de color, como una pelota de playa.
Y ya en la redacción, los noticieros llenos de aire. Cuando se pregunta, dicen que el periodismo de profundidad en televisión solo quedará en manos de los medios públicos (algo que me provocó un carcajada seguida de una profunda tristeza, al pensar en que el periodismo de profundidad quede como responsabilidad de los medios públicos de Ecuador, altavoces mamarrachos del poder). Esa idea es realista en España, donde escuché ese comentario y donde la televisión privada ha preferido salir a la calle a reportar cómo la gente compra las zapatillas de moda, como la gente dice “ufff, que calor que hace”.
¿La tele debe quedar para el entretenimiento? Dios nos libre, no nos dejen en manos del Pulpo Paul.
jueves, 5 de agosto de 2010
El Mundo: Una de sus perlas... olé
Cataluña, uno de los motores económicos de España y cuna de un independentismo muchas veces justificado, otras muchas politizado y algunas otras prostituido, ha prohibido, como todos saben, las corridas de toros. Bueno, no vamos a hablar de eso, no es la materia que nos ocupa y si en siglos España no ha resuelto sus diferencias internas, es absurdo, absurdísimo, pensar que en este blog lo lograremos.
Sin embargo, al día siguiente de la decisión del Parlamento Catalán, El Mundo, el segundo diario de España, sacaba a la calle esta portada.
Me permito hacer una breve explicación, por si alguno de los lectores que entra en este espacio -a veces por equivocación, otras por aburrimiento- no es español, como yo. La iniciativa fue iniciada por una supuesta lucha para evitar el sufrimiento de los animales, pero fue asumida como una herramienta política por los catalanes, más bien una revancha, por el rechazo del Tribunal Constitucional al Estatut de Catalunya, documento que buscaba más autonomía.
El Mundo, periódico de derecha (allegado al Partido Popular, tienda política que siempre las ve negras en esa zona de España) sacó al día siguiente la foto del presidente y vicepresidente de la Generalitat de Cataluña, el gobierno autónomo de esa región. No hacen falta más explicaciones. Aquí una portada para el recuerdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


